DISERTACIONES EN TORNO A LA CUESTIÓN DE LO OTRO: ENTRE EMMANUEL LEVINAS Y EDMUND HUSSERL



       

Entre algunas de las concepciones en torno al desarrollo de la filosofía, tenemos la cuestión  de lo otro, la cual ha sido abordada a partir de la siguiente premisa ¿Cómo lo otro se da a la conciencia?, tenemos como referente histórico la investigación de Husserl, y de Levinas. Para lograr aproximarnos a la articulación de esta empresa teórica, hemos decidido tomarlo de la siguiente manera: que consiste en iniciar con la crítica  a Husserl desde Levinas, pero haciendo hincapié en rescatar la teoría husserliana del pensamiento levinasiano,  pues desde nuestra apreciación, hemos  asumido que este filósofo mal interpreto la tesis del padre de la fenomenología, Edmund Husserl. Por tanto, la metodología empleada para lograr captar esta magna teoría,   comprenderá tres momentos: el primero, se inserta en la crítica a Husserl desde Emmanuel Levinas, la segunda  alude  a la tesis de Husserl y la tercera de manera concluyente, es un contraste entre ambos filósofos, en donde se destaca los errores de Levinas respecto de la apreciación de la tesis husserliana. 
Empecemos  recordando, que la fenomenología, es una corriente filosófica que intenta dar cuenta de la experiencia tal y como ésta se nos da a la conciencia, pero en este apartado esta experiencia se encuentra determinada a partir de la cuestión de lo otro. Como uno de los exponentes de este movimiento filosófico encontramos a Emmanuel Levinas, quien claro está, ha decidido enmarcar su tesis bajo un fundamentado más preciso, que remite en sus escritos a la elaboración de una teoría ética de la alteridad. Es destacable la influencia que tuvo la fenomenología husserliana y heideggeriana en el desarrollo de su  filosofía,  pero el distanciamiento de este tipo de fenomenología se  hizo  más evidente, ello se puede evidenciar en la teoría que él elabora, reiteramos la configuración de una teoría ética de la alteridad. Aunque la reflexión levinasiana se encuentra orientada a los dos fenomenólogos, no basta en obviar que, para llevar a cabo el cometido propuesto, solamente nos referiremos a la concepción filosófica en Edmund Husserl.

            Comprensión  de lo otro en  Levinas:
Respecto al distanciamiento de aquellos pensadores, Levinas objetará, la filosofía occidental se equivoca en lo siguiente:  el conocimiento  de lo extraño se naturaliza en el  yo, de manera que lo ajeno queda determinado por los esquemas del yo, es decir, “toda experiencia,  por pasiva que sea,  por receptiva que sea, pronto se convierte en la “constitución” del ser que dicha experiencia recibe, como si lo dado fuese extraído de sí, como si el sentido que anuncia le fuese conferido por mí”[1]. Ciertamente, Levinas estaría señalando que la filosofía occidental ha perdido desde sus albores el reconocimiento de la alteridad. Pues ésta reconoce  lo extraño en  intrínseca relación con lo propio.
Ahora bien, la interpretación que realizó Levinas a la filosofía occidental, le conduce a formular una estructura ética que comprende rescatar la alteridad, que según él, había sido ahogada por  una forma de identificación egoísta que remite a una coincidencia entre  lo ajeno y el yo  – “el afuera del yo lo solicita en la necesidad: el afuera del yo es para mí. La tautología de la ipseidad es un egoísmo”[2]-.  Por lo tanto,  Levinas propone como fundamento clave lo siguiente: hablar de una teoría de la alteridad en su amplitud, supone partir de unos caracteres,  que propugnan, que en el yo se  estructuren las categorías específicas que permitan constituir al mundo objetivo, para luego dar paso a una aproximación a lo otro, es necesario  tener en cuenta que lo Otro, al ser infinito,  no se nos hace cognoscible en su  totalidad. En consecuencia, se tendrá que objetar que el deseo por lo Otro será inagotable,  el individuo se encuentra compuesto por una multiplicidad de significaciones, deviene independientemente de la mediación conceptual, esto es reducir a lo otro a esquemas mentales, que posteriormente harían lo otro manipulable.
De acuerdo con lo señalado por Levinas, el prójimo - lo otro- está dado en el  mundo como forma independiente del yo, es decir, lo otro no se constituye como sujeto del mundo en el instante en que es percibido por el yo, pues como se ha venido señalando hasta el momento, lo otro posee su propia  significación, la cual es independiente del contexto en el que esté se despliega, por esto es que nos aproximaríamos a objetar,  en la epifanía del rostro, el otro no queda cautivo, sino que destruye, rompe con los esquemas del yo en la medida en que lo otro es percibido, como un más allá del yo  conciencia, puesto que “el prójimo no nos llega únicamente a partir del contexto, sino que, sin mediación, significa por sí mismo”[3]. El prójimo se manifiesta al yo, en el rostro, y este  no  deja de ser fenómeno, pero le es necesario salir del campo representacional, ya que, según Levinas: “la superioridad no reside en la presencia del mundo, sino en la trascendencia irreversible”[4]. Y ello requiere que el  fenómeno esté  llamado a deshacer su carácter fenoménico,  puesto que, el otro desborda todo tipo de conocimiento, lo otro se reduce a la categoría de infinito.
La compresión de lo otro nos orienta a recibirlo en la conciencia como una perturbación. Esto implicará que lo otro no se familiarice, sino que permanezca indecible al yo;  en otras palabras “ir hacia Él no es seguir esa huella que no es  un signo, sino ir hacia los Otros que están en la huella”[5].  Es decir, el proyecto  levinasiano, ha consistido en rechazar, a la filosofía occidental, pues como se ha venido expresando remite a una Obra que exige un retorno a lo  mismo, esto es una reducción de lo ajeno a los esquemas mentales del yo, es decir,  “{…} lo extraño se naturaliza desde que se compromete con el conocimiento”[6]. Es por ello que la propuesta de Levinas, responde a recuperar la alteridad, puesto que en occidente ha perdido su significación, por así decirlo,  la Obra pensada radicalmente es, en efecto, un movimiento de lo Mismo hacia lo Otro que jamás retorna a lo Mismo”[7]. Es decir, la figura que intenta articular Levinas expide, ir hacia un porvenir que no viene determinado previamente por una necesidad de  retornar a lo mismo, sino que refiere a estas premisas:  “el deseo del Prójimo nace en un ser para quien nada falta o, más exactamente, nace allende todo lo que puede faltarle o satisfacerle. Esta Deseo del Prójimo que es nuestro carácter social mismo no es una simple relación con el ser en el que, {…}, lo Otro se convierte en Mismo”[8]. Esto es que no viene determinado a suplir una insuficiencia, como si la carencia de algo motivara ir a las cosas, y en la medida en que se obtiene son objeto de felicidad.

  Comprensión de lo otro en Husserl:
Continuando con la secuencia propuesta en este texto, daremos paso a la propuesta husserliana. Con el padre de la fenomenología se inaugura un “hacer filosófico” que se orienta como se menciona líneas atrás, a reflexionar sobre toda experiencia que se da a la conciencia desde el mundo de la vida, para precisar, la pregunta situada en la cuestión de lo otro, gira en torno a ¿Cómo lo otro se da a la conciencia? La reflexión filosófica suscitada por este pensador, reiteramos, no es más que un intento por ir a las cosas mismas. Entrando en materia, el debate en el que se instaura Husserl está dirigido a criticar la postura  en la que todo conocimiento queda reducido al solus ipse, esto es,  que todo conocimiento se encuentra reducido al sí mismo, o sea, determinado  por el yo. Por tanto, a mi modo de ver, podría aseverar que algunos pensadores, han errado en reducir  la tesis de Husserl a ese tipo de acepción. Por el momento, no entraremos a debatir sobre la mala interpretación a la tesis husserliana, pues esto será abordado más delante de forma concluyente. Ahora solamente nos situaremos en la concepción, que este pensador tiene sobre la cuestión de lo otro.
Comprender la cuestión de lo otro en Husserl requiere que nos situemos de forma particular en la metodología que él señala. Pasamos, a señalar tal metodología: la reducción se dirige hacia un objeto en particular,  hacia el que hemos dirigido nuestra mirada con mayor  preeminencia, pues éste se ha destacado más que los demás. En la medida en que percibo este objeto, éste queda reducido en la conciencia como fenómeno, esto permite posteriormente  que se vayan determinando los caracteres específicos (eidos) con los que se puede obtener un conocimiento aproximado sobre el objeto. Por tanto, el sujeto ya con el objeto dado a su conciencia empieza a establecer juicios, y  prosigue hacia la explicitación del objeto en cuestión. Podría decirse que se aproxima a conocer al objeto, como es.
Entonces, en la medida en que el objeto se dona al sujeto, en él se va estructurando un posible conocimiento acerca de éste. Después de que en el sujeto o mejor aún,  en el yo se halla objetivado este conocimiento, al individuo le será posible intentar conocer lo otro. Todo ese proceso de constitución del individuo, no solamente viene determinado como correlato del mundo, sino que existe en significación independiente al contexto en el que se despliega, puesto que “entre los cuerpos propiamente captados de esta naturaleza, encuentro luego, señalado de un modo único, mi cuerpo vivo, a saber: como el único que no es cuerpo físico, sino precisamente cuerpo vivo: el único objeto dentro de mi estrato abstractivo al que atribuyo experiencialmente campos de sensación, aunque en distintos modos de pertenencia (campo de sensaciones táctiles, campo de sensaciones de calor y frio etcétera); el único << en >> el que <<ordeno y mando>> inmediatamente (y, en especial, mando en cada uno de sus <<órganos>>)”[9]. 
No obstante, es pertinente destacar  la pregunta que es referida para el análisis de lo otro, ¿cómo lo otro se da a la conciencia? es de resaltar que en el instante en que lo otro se encuentra con la mirada del yo, lo otro no se da al ego como persona, sino que es recibido por esté como un  objeto, puesto que, si lo ajeno se diera de forma directa al yo se rompería la estructura de la alteridad, y haría percibir a lo otro como parte intrínseca del yo, con la que  podría tener experiencia del mundo “si ocurriera esto, si lo esencialmente propio del otro fuera accesible de modo directo, sería entonces mera parte no-independiente de lo propio de mí mismo, y, en fin, él mismo y yo seríamos uno”[10]. Aunque en el conocimiento de lo otro, este deba estar reducido a los esquemas del yo, no requiere que aquél quede supeditado a él; esta reducción sólo la haría en la medida en que encuentra una relación analógica, entre el yo y lo otro, pues Husserl no niega que en lo universal ambos sujetos se reconocen como seres de la misma especie, esto es mamífero bípedo, que se diferencia de los animales por su facultad de razonar. Por consiguiente, lo otro no se da al ego de manera directa, sino que debe existir una cierta mediatez de la intencionalidad, que impide que este se dé cómo es, en sí a la conciencia -al ego propio- .
En este orden de ideas, la única forma original que se constituye en el yo es el cuerpo físico de lo propio al que se puede acceder de manera directa; pero en el intento de conocer lo otro, el yo  tiene como punto de partida el  cuerpo físico de éste,  pues en relación al ego, tiene representado en sí, tal cuerpo físico. En cierto modo,  en la intencionalidad se observa la posibilidad de un co-ahí que hace que lo otro se dé al yo, de forma apresentativa. Para mayor claridad “como en esta naturaleza mi único cuerpo vivo es el único cuerpo físico que está –y que puede estarlo- constituido originariamente como cuerpo vivo (como órgano que actúa), este cuerpo físico de allí, que está sin embargo aprehendido como cuerpo vivo, tiene que poseer este sentido por una trasferencia aperceptiva  a partir de mi cuerpo vivo, y en modo, además, que excluye comprobación realmente directa”[11].  
Precisemos, el conocimiento de lo otro, tan solo se da al ego, por apresentación analógica, que como componente constitutivo encuentra en la  parificación la posibilidad de conocer a lo otro. Ya que en el instante en que se destaca un cuerpo físico similar al propio, por asociación el ego, termina destacando en relación a lo otro, por dicha semejanza, esto es que  “si en mi esfera primordial surge un cuerpo físico que es <<parecido>> al mío -o sea, de tal índole que ha de entrar en parificación fenoménica con el mío-. Parece ahora cosa naturalmente clara que, en el traspaso de sentido, tiene al instante que recibir el sentido de cuerpo vivo desde el mío”[12].  Pero esto no implica que quede reducido a lo mío, sino que en tanto que cuerpo físico, como objeto del ego, queda situado en la conciencia como otro cuerpo que es igual al propio. Ello en tanto que por asociación en la esfera primordial lo otro se percibe desde lo propio como un ser que es igual a mí y que en la universalidad ambos nos caracterizamos como seres humanos, como cuerpo físico-vivo. Esto no quiere decir que se reduzca lo otro al yo, sino que en el intento por conocerlo se hace pertinente partir de un fundamento, que los hace iguales, para este caso es el cuerpo.

Corrección a Levinas en torno a la asimilación de lo otro en Husserl:
Ahora pasemos a la corrección de Levinas  respecto de la interpretación de  Husserl. Para comenzar, los errores se atisban en el momento en que Levinas, acusa a Husserl de solipsista, de la que como se mencionó líneas atrás, es rechazada  por Husserl en la medida en que impide el conocimiento, pues ésta comprende  reducir todo a las exigencias del yo. Antes de dar paso a esta explicación, es necesario recordar que Husserl parte de la experiencia como el fundamento de su teoría, en tanto,  observa que el individuo ha objetivado un conocimiento de sí mismo, a partir de su  interrelacionado con el mundo. Podría decirse, que Husserl en el intento de estructurar su teoría no puede contradecirla, negando el vínculo que se ha establecido a lo largo de la historia entre el hombre y el mundo, además de este (mundo) es de quien puede derivar un conocimiento de sí, como del mundo, es decir, “el Prójimo está presente en un conjunto cultural y se ilumina por este conjunto, como un texto por su contexto. La manifestación del conjunto asegura esta presencia y este presente”[13]
Ahora bien, entremos a disertar a cerca de la mala interpretación de Levinas respecto de Husserl.  La asimilación por parte de Levinas de lo otro, esto es  determinado desde los requerimientos del yo, conlleva a conjeturar que lo otro se encuentra condicionado a partir de la finitud del yo,  contrario a ello Husserl afirma que  “la constitución anímica del mundo objetivo se entiende, por ejemplo, como mi experiencia real y posible del mundo: la mía, la del yo que se experimenta a sí mismo como hombre. Esta experiencia es más o menos perfecta; tiene como siempre su horizonte abiertamente indeterminado”[14], ósea que tanto el yo como lo otro en la medida en que pueden obtener multiplicidad de experiencias con el mundo,  no es posible conocerlo, pues lo otro al estar expuesto a ese tipo de relación con el mundo recibe a su vez, también la categoría de infinito. 
La reducción que realiza Husserl,  implica que  el yo, convierta lo demás en objeto, esta no es más que una estrategia, en la que se configura un  mundo (eidético), que por supuesto, se debe distanciar del mundo físico, para lograr conocer el objeto de análisis. En cierto modo, parece se  negara  el sentido que tiene el mundo físico, pero lo que hace el individuo  con la meditación es distanciarse de él (mundo), para no interrumpir el proceso de especificación del   objeto estudiado, “el mundo objetivo está ahí para mí siempre ya preparado; es dato de mi ininterrumpida experiencia objetiva viva, y sigue en vigencia habitual también después del <<no estar ya teniendo experiencia de él>>”[15].
Es necesario,  añadir que el significado del individuo viene determinado previamente a la relación con el mundo, ello se destaca por la  objeción que realiza Levinas, determinada por el hecho de que él asume que lo otro  en la filosofía occidental ha perdido su alteridad, contrario a ello Husserl ratifica “que esta esencia propia pueda en general contrastarse para mí con algo otro, o que pueda yo, éste que soy yo, tener conciencia de otro que no soy yo (de algo ajeno a mí)  ello supone, pues, que no todos los modos de conciencia míos propios pertenecen al círculo de los que son modos de mi conciencia de mí mismo”[16].
Husserl asevera que se puede aludir  tal vez, a un aproximado conocimiento de lo otro, por el hecho de que en mi existe la aprehensión de lo otro desde de la semejanza que encuentro en este (con la especie humana), esto es, el cuerpo.  A pesar de esta semejanza, con lo otro, en lo que refiere al conocimiento de esté, tenemos que concebir que  lo otro no queda reducido a los esquemas del yo, ya que este posee su propia originalidad. Es decir, lo otro no se da al ego en tanto que original “<<en>> mí tengo experiencia de lo otro, lo conozco; en mí él se constituye, reflejado apresentativamente, y no en tanto que original”[17]. El yo no logra alcanzar directamente la significación de lo otro.
En síntesis Levinas ha errado en la comprensión de Husserl,  en la medida en que lo ha asumido desde una postura solipsista, la que él (Husserl) rechaza, aun así es pertinente destacar la presunta lucidez de Levinas, en la articulación de una teoría ética de la alteridad, pero habrá que preguntarse ¿cómo define la subjetividad?, en que fundamento epistémico se incrusta su tesis, pues como se ha aludido hasta el momento solamente amplia la teoría de lo otro, pero en donde queda el yo, ¿ por qué rechazar la correlación entre el sujeto y mundo?, pues es de saber, que el mundo y el sujeto siempre se han interrelacionado e inclusive parte de su significación cultural viene determinada por el contexto en el que  esté (sujeto) despliega su accionar. Además el individuo se reconoce, en la medida en que se relaciona con los otros (por ende, con el mundo).






by Kamil Roszkowski
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Bibliografía:
Levinas, Emmanuel.  La Huella de lo Otro. En: Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger. Madrid: Síntesis, 2005.
Husserl, Edmund. Meditaciones Cartesianas  (José Gaos y Miguel García –Baró, trads.). México: Fondo de Cultura Económica, 1996.




[1]Levinas, Emmanuel.  La Huella de lo Otro. En: Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger. Madrid: Síntesis, 2005,  pág. 269.
[2] Ibíd., pág. 268.
[3] Ibíd., pág. 276.
[4] Ibíd., pág. 285.
[5] Ibíd., pág. 287.
[6] Ibíd., pág. 268.
[7] Ibíd., pág. 272.
[8] Ibíd., pág. 275.
[9] Husserl, Edmund. Meditaciones Cartesianas  (José Gaos y Miguel García –Baró, trads.). México: Fondo de Cultura Económica, 1996,  pág. 157.
[10] Ibíd., pág. 171.
[11] Ibíd., pág. 173.
[12] Ibíd., pàg.177.
[13] Levinas, Op. Cit., pág. 276.
[14] Husserl, Op. Cit., pág. 197.
[15] Ibíd., pág. 168.
[16] Ibíd., pág. 167.
[17] Ibíd., pág. 219.

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